Humilde y servicial,
bendito y alabado, San Antonio Abad,
él más gentil de todos los santos,
es a ti quien profeso
mi amor y devoción
por tu bondad y todos los favores
que me concedes cuando a ti recurro.
Tu amor por Dios,
tu paciencia y perseverancia
y tu caridad y benevolencia por sus criaturas
te hicieron legítimo merecedor,
cuando estabas aquí en la tierra,
de poseer poderes milagrosos
para todo el que tu ayuda reclamaba.
Los milagros esperaban tu palabra,
Los milagros esperaban tu palabra,
y tu estabas siempre dispuesto a hablar
por aquellos con problemas o ansiedades
y de esta manera dabas cumplimiento,
protección y ayuda al necesitado.
Recurro hoy a ti para exponerte
mi problema, del que sin duda,
ya tienes conocimiento,
pues nada escapa a tu poder.
Sufro mucho por los celos,
acosan a mi pareja hasta llegar
a límites insospechados,
y esto nos causa graves problemas,
desasosiego y desavenencias.
