¡Oh abogada y madre mía, María!
Divina Pastora de las almas,
Señora de corazón inmenso
y alma más pura que el sol:
Santa pastora de los bienaventurados
que como inocentes ovejas gozan en el cielo,
recreándose en ti, dichosas,
que como inocentes ovejas gozan en el cielo,
recreándose en ti, dichosas,
felices ante tu majestuosa presencia,
ya que cuando vivieron en la Tierra,
siguieron con amor tus pasos
con la virtud de la claridad.












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