La magia amatoria es el arte de dominar los sentidos, las pasiones y las emociones, combinándolos para que nos den el efecto deseado.
Para que pueda funcionar es indispensable que exista un deseo y una intención. No hablo de pasión sexual. Eso vendrá después. El deseo al que me refiero se centra en que quien solicita la magia o quien la hace debe desear que aquello que está en su mente se cumpla, le afecte o no. De hecho, será mucho más efectiva si tras el ritual para conquistar salimos a seducir como lo haríamos normalmente. Por eso no debemos caer en el error de pensar que sin hacer nada triunfaremos y, mucho menos, creer que podemos emplear la prepotencia o la extrema «seguridad» ante una relación afectiva porque tras nosotros hay un acto ritual en funcionamiento. En resumen, tenemos que comportarnos con «normalidad».
